Introducción
El sarampión es mucho más que un simple “sarpullido infantil”. En personas con el sistema inmune debilitado—como quienes atraviesan quimioterapia, trasplante de médula ósea o inmunoterapia—puede desencadenar neumonías graves, encefalitis e incluso la muerte. Con los recientes brotes regionales y la caída de coberturas vacunales, la pregunta es inevitable: ¿cómo afecta el sarampión a los pacientes oncológicos y qué podemos hacer para protegerlos?
1. ¿Qué es el sarampión y por qué reaparece?
Virus sumamente contagioso: una persona infectada puede contagiar hasta a 18 de cada 20 personas susceptibles.
Rebrote mundial: la desinformación y la interrupción de calendarios de vacunación durante la pandemia han reducido la inmunidad de rebaño.
Complicaciones: neumonía, encefalitis y supresión inmunológica transitoria que facilita otras infecciones.

El virus del sarampión es un paramixovirus, del género Morbillivirus.
2. Pacientes con cáncer: un grupo de alto riesgo
Las personas que reciben tratamiento oncológico —ya sea quimioterapia, radioterapia, inmunoterapia o trasplante de médula ósea— padecen una inmunosupresión profunda. Esto significa que sus glóbulos blancos y anticuerpos, encargados de frenar las infecciones virales, se encuentran en niveles bajos o funcionan de forma deficiente. Cuando un virus tan contagioso como el sarampión ingresa en un organismo debilitado, puede replicarse sin control y desencadenar complicaciones graves: neumonía fulminante, encefalitis, desregulación inmune y hasta la muerte.
Otro factor crítico es que la recuperación inmunológica tras el tratamiento es lenta. Incluso después de finalizar la quimioterapia o el trasplante, el sistema defensivo necesita semanas o meses para volver a niveles protectores. Durante ese periodo de “ventana”, cualquier exposición al sarampión sigue siendo extremadamente peligrosa.
Asimismo, la vacuna triple viral (SRP/MMR) por lo general está contraindicada durante la quimioterapia o la fase temprana post-trasplante porque contiene virus vivos atenuados. Esto deja al paciente sin la posibilidad de inmunizarse activamente y depende, por tanto, de la inmunidad del entorno: familiares, personal sanitario y la comunidad en general. Si la cobertura vacunal colectiva cae por debajo del 95 %, el virus encuentra brechas por donde propagarse y pone en riesgo directo a quienes luchan contra el cáncer.
3. ¿Cómo se protege a un paciente oncológico?
Verificar el estado vacunal
Paciente en remisión o antes de iniciar quimioterapia: comprobar dos dosis de MMR.
Personal de salud y familiares: actualización obligatoria si no hay registro.
Inmunoglobulina post-exposición
Si un paciente sin defensa se expone, administrar gammaglobulina dentro de las primeras 6 días disminuye complicaciones.
Aislamiento oportuno
Salas de espera diferenciadas y presión negativa para casos sospechosos.
Cobertura comunitaria (≥ 95 %)
Cada persona vacunada “blinda” a quienes no pueden vacunarse.
4. Recomendaciones para pacientes y familias
Consulta previa: Antes de empezar tratamiento oncológico, verifica tu cartilla de vacunas.
Familia y cuidadores: ¡Vacúnense! Así protegen al paciente sin exponerlo a virus vivos.
Síntomas sospechosos (fiebre + manchas rojizas): acudir de inmediato; no esperes a “que pase solo”.
¿Se puede vacunar contra el sarampión durante el tratamiento oncológico activo o poco después de un trasplante?
No.
La vacuna contra el sarampión (parte de la triple viral: sarampión, rubéola y paperas – SRP) es una vacuna con virus vivos atenuados, lo que la contraindica en pacientes inmunosuprimidos.
Esto incluye:
Pacientes en quimioterapia activa
Pacientes postrasplante de médula ósea o células madre hematopoyéticas (al menos durante el primer año)
Pacientes bajo inmunosupresión intensa (como esteroides a dosis altas, inmunomoduladores, etc.)
¿Cuándo se podría vacunar a un paciente post-trasplante?
En algunos casos sí se puede aplicar después, pero bajo condiciones específicas:
Trasplante alogénico: al menos 24 meses después del trasplante, si el paciente:
Está en remisión
Tiene reconstitución inmunológica adecuada
No tiene enfermedad injerto contra huésped activa
No recibe inmunosupresores
Trasplante autólogo: algunos protocolos permiten vacunación entre 12 y 24 meses después, según evaluación inmunológica.
Se suele hacer con seguimiento estricto y después de revisar serología previa y estado inmune.
Conclusión
El sarampión es una amenaza prevenible que puede complicar severamente la vida de los pacientes con cáncer. Mantener altas coberturas de vacunación no es solo un acto individual, sino un compromiso colectivo con los más vulnerables. Protegerte protege también a quienes luchan contra el cáncer.
En OncoClinic, la prevención también es parte de la terapia.

