Una crisis global que no se detiene
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha difundido sus más recientes informes sobre la situación mundial de los antibacterianos y los métodos diagnósticos. Los datos son alarmantes: entre 2023 y 2025 el número de antibióticos en desarrollo clínico cayó de 97 a 90. De estos, solo 15 pueden considerarse verdaderamente innovadores y apenas 5 han demostrado eficacia contra bacterias clasificadas como “críticas”, la categoría de mayor riesgo.
Esto significa que la resistencia antimicrobiana —la capacidad de los microorganismos de hacer resistente a los antibióticos— avanza más rápido que los progresos científicos. En un futuro no muy lejano, infecciones que hoy se curan fácilmente podrían volverse intratables.
La tuberculosis: el talón de Aquiles de Bolivia
En Bolivia, esta crisis global adquiere un carácter dramático. El país sigue siendo uno de los más afectados en las Américas por la tuberculosis (TB), especialmente en su forma multirresistente (TB-MR). Esta variante no responde a los fármacos de primera línea, exige tratamientos largos, costosos y con efectos adversos, y sus resultados son muchas veces limitados.
El informe de la OMS señala que 18 de los nuevos antibióticos en desarrollo tienen como objetivo cepas resistentes de Mycobacterium tuberculosis. Aunque esto es alentador, surge una pregunta crucial: ¿llegarán estos medicamentos a Bolivia y estarán disponibles para quienes los necesiten?
Hoy en día, muchos pacientes bolivianos enfrentan tratamientos incompletos por barreras económicas, desabastecimiento en centros de salud y falta de adherencia. Esto alimenta un círculo vicioso: terapias interrumpidas → aumento de resistencia → infecciones más difíciles de tratar.

Resistencia a los antibióticos
Otras infecciones resistentes que ya están presentes
No se trata únicamente de la tuberculosis. En los hospitales, sobre todo en las unidades de cuidados intensivos, aparecen con frecuencia infecciones intrahospitalarias causadas por Acinetobacter baumannii y Pseudomonas aeruginosa, bacterias que suelen ser multirresistentes.
Las infecciones urinarias, muy comunes en mujeres y adultos mayores, muestran cada vez mayor resistencia de E. coli a cefalosporinas y quinolonas, antibióticos de uso habitual.
La neumonía bacteriana y la sepsis siguen siendo causas importantes de internación y mortalidad, agravadas por diagnósticos tardíos y tratamientos empíricos con antibióticos de amplio espectro.
En la práctica, la elección del antibiótico en muchos centros no depende de un estudio de sensibilidad, sino de lo que haya disponible en farmacia o en stock hospitalario.
El sistema sanitario: fragmentado y frágil
Aquí se refleja la parte más dura de la realidad boliviana. El sistema de salud está fragmentado entre cajas de salud, seguro público y sector privado, con poca coordinación entre ellos.
En muchos centros de primer nivel:
No existen pruebas rápidas que permitan diferenciar infecciones virales de bacterianas.
Los laboratorios de microbiología capaces de realizar antibiogramas están concentrados en las capitales departamentales, dejando desprotegidas a zonas rurales y periurbanas.
Las campañas sobre uso racional de antibióticos han sido esporádicas y con poco impacto en la práctica clínica diaria.
Esto se traduce en que un paciente muchas veces recibe antibióticos basados en costumbre médica o disponibilidad, no en evidencia. Se producen así dos problemas: abuso de antibióticos en infecciones virales banales y escasez de fármacos adecuados cuando realmente se necesitan.
Diagnóstico: el eslabón más débil
La OMS resalta la falta de herramientas diagnósticas a nivel mundial. En Bolivia, esta limitación es aún más grave:
La tuberculosis es el único campo donde se han hecho avances relevantes con el uso del GeneXpert y otras técnicas moleculares.
Para otras infecciones comunes, el primer nivel de atención no dispone de pruebas “point-of-care” (rápidas y simples en el lugar de atención).
No existen plataformas de nivel intermedio que permitan diagnosticar una sepsis directamente a partir de sangre entera, lo que retrasa el inicio del tratamiento correcto.
La consecuencia es clara: tratamientos tardíos o erróneos, aumento de costos en salud y mayor mortalidad evitable.
Qué significa la alerta de la OMS para Bolivia
El llamado de la OMS a invertir más en innovación y diagnóstico tiene un eco particular para el país. Traducido a la realidad boliviana, implica:
Garantizar acceso a los nuevos antibióticos, especialmente los dirigidos a tuberculosis resistente y bacterias Gram-negativas.
Invertir en laboratorios y diagnóstico descentralizado, para que las pruebas de sensibilidad y detección rápida no sean privilegio de pocos centros urbanos.
Implementar programas de uso racional de antibióticos en hospitales públicos y privados.
Fortalecer la educación y prevención, con campañas nacionales sobre vacunación, higiene hospitalaria y uso prudente de antibióticos.
Una crisis silenciosa que puede hacerse insostenible
La resistencia antimicrobiana es una epidemia silenciosa. En Bolivia, donde la tuberculosis multirresistente convive con infecciones hospitalarias y comunitarias cada vez más difíciles de tratar, el riesgo es enorme.
Sin acceso a diagnósticos más amplios, sin políticas claras para nuevos fármacos y sin una inversión sostenida en el sistema sanitario, la predicción de la OMS —un futuro sin antibióticos eficaces— podría convertirse en una realidad particularmente dolorosa para los pacientes bolivianos.

