Prevenir no siempre significa evitar por completo
El cáncer de mama puede aparecer incluso en mujeres que se sienten sanas, que no tienen dolor y que no cuentan con antecedentes familiares. De hecho, tener antecedentes familiares aumenta el riesgo, pero no tenerlos no significa estar libre de riesgo. Los CDC señalan que contar con un factor de riesgo no significa que una persona desarrollará la enfermedad, y que no todos los factores tienen el mismo peso.
Por eso, en cáncer de mama, la prevención debe entenderse de dos formas: reducir factores de riesgo cuando sea posible y detectar cualquier cambio en etapas tempranas.
¿Qué se puede hacer para reducir el riesgo?
Hay factores que no se pueden cambiar, como la edad, los antecedentes familiares, ciertas mutaciones genéticas, la densidad mamaria o haber recibido radioterapia en el tórax a edades tempranas. Pero también existen factores relacionados con el estilo de vida que pueden influir en el riesgo, como el peso corporal, la actividad física, el consumo de alcohol y algunos tratamientos hormonales. La Organización Mundial de la Salud menciona entre los factores asociados al cáncer de mama la edad, obesidad, consumo nocivo de alcohol, antecedentes familiares, exposición a radiación, historia reproductiva, tabaco y terapia hormonal posmenopáusica.
Esto no significa que una mujer tenga cáncer por “hacer algo mal”. Significa que cuidar el cuerpo, mantener controles médicos y hablar con el especialista sobre los factores personales de riesgo puede ayudar a tomar mejores decisiones.
Detectar a tiempo también es prevención
El cáncer de mama no siempre da síntomas al inicio. Por eso, esperar a sentir dolor o notar un bulto puede retrasar la consulta. La mamografía puede ayudar a encontrar cambios en la mama antes de que aparezcan síntomas, y los CDC indican que el tamizaje regular puede detectar cáncer de mama en etapas tempranas, cuando el tratamiento suele tener mejores resultados.
La edad para iniciar controles puede variar según el riesgo de cada paciente. En mujeres con riesgo promedio, algunas guías recomiendan mamografía a partir de los 40 años, mientras que mujeres con alto riesgo pueden necesitar controles antes y estudios adicionales como resonancia mamaria. La American Cancer Society señala que las mujeres con alto riesgo deberían realizarse mamografía y resonancia mamaria cada año, generalmente desde los 30 años.
Por eso, no todas las mujeres necesitan el mismo control. La evaluación debe considerar edad, antecedentes familiares, estudios previos, densidad mamaria, biopsias anteriores, síntomas y factores hormonales.

Señales que no deberían ignorarse
Aunque los controles son importantes incluso sin síntomas, también es fundamental reconocer cambios en el cuerpo. Un bulto nuevo en la mama o axila, cambios en la piel, hundimiento del pezón, secreción con sangre, enrojecimiento persistente, dolor localizado o cambios en la forma de la mama deben motivar una consulta. La American Cancer Society señala que, además de un bulto, el cáncer de mama puede presentarse con cambios en la piel, secreción del pezón o ganglios inflamados cerca de la axila o clavícula.
Tener uno de estos signos no significa automáticamente cáncer. Muchas lesiones pueden ser benignas. Pero sí significa que no debe dejarse pasar.
¿Qué deben tomar en cuenta las pacientes?
Una mujer debe consultar con su médico si tiene antecedentes familiares de cáncer de mama u ovario, si algún familiar tuvo cáncer a edad temprana, si recibió radioterapia en tórax, si tiene mamas densas, si ya tuvo biopsias con lesiones de riesgo o si presenta cualquier cambio nuevo en la mama.
También debe consultar si no sabe cuándo fue su último control o si nunca se realizó una mamografía, ecografía mamaria o valoración mastológica.
La prevención no se trata de vivir con miedo. Se trata de conocer el propio riesgo, realizar controles adecuados y actuar a tiempo.
