El cáncer de riñón, también llamado carcinoma renal, es una enfermedad que en muchos casos avanza sin dar señales claras en sus primeras etapas. Esto hace que con frecuencia sea descubierto de manera accidental, durante estudios realizados por otros motivos, como una ecografía abdominal de rutina.
Aunque puede afectar a cualquier persona, el cáncer renal es más frecuente en hombres que en mujeres, y su incidencia ha ido en aumento progresivo en ambos sexos en los últimos años.
El papel del tabaquismo y los hábitos de vida
Uno de los datos más relevantes es que una parte muy importante de los casos está relacionada con hábitos poco saludables. Se estima que:
Cerca de un tercio de los pacientes son fumadores o lo han sido durante muchos años.
El sobrepeso y la obesidad explican aproximadamente una cuarta parte de los casos.
La hipertensión arterial aumenta el riesgo de desarrollar cáncer renal hasta en un 60%.
La alimentación poco saludable y el sedentarismo también contribuyen al riesgo.
Por ello, el cáncer renal es considerado, en gran medida, una enfermedad asociada al estilo de vida.
¿Por qué se diagnostica “por casualidad”?
Más de la mitad de los tumores renales se detectan de forma inesperada, al realizar una ecografía solicitada por otros motivos, como dolor abdominal, controles generales o estudios digestivos.
Esta “casualidad” tiene un aspecto positivo:
permite un diagnóstico temprano, cuando la enfermedad aún está localizada y las probabilidades de curación son mucho mayores.
Síntomas a los que hay que prestar atención
En las fases iniciales, el cáncer renal casi nunca produce síntomas claros. Sin embargo, con el crecimiento del tumor pueden aparecer algunas señales de alerta:
Sangre en la orina (hematuria), que puede ser visible o detectarse en exámenes.
Sensación de peso o dolor persistente en la zona lumbar o el costado.
En los hombres, aparición de varicocele (dilatación de las venas del escroto), especialmente si aparece de forma repentina.
Es importante aclarar que la sangre en la orina no siempre indica cáncer. En la mayoría de los casos se debe a infecciones urinarias u otras causas benignas, pero siempre debe estudiarse sin demora para descartar enfermedades graves.
¿Cómo se diagnostica el cáncer renal?
Ante síntomas sospechosos, el primer estudio recomendado suele ser una ecografía abdominal completa, un examen simple, no invasivo y ampliamente disponible.
Si se detecta una lesión renal, se complementa con:
Tomografía computarizada (TAC) para evaluar la extensión de la enfermedad.
Análisis de sangre y orina para valorar la función renal y el estado general.
En casos seleccionados, estudios adicionales como gammagrafía ósea si existe dolor óseo o sospecha de metástasis.

Sangre en la orina
¿Quiénes tienen mayor riesgo?
Además de los factores relacionados con el estilo de vida, existen grupos que requieren mayor vigilancia:
Personas con enfermedad renal poliquística.
Pacientes en diálisis durante largos períodos, con un riesgo hasta 30 veces mayor.
Trabajadores expuestos de forma prolongada a sustancias como asbesto, cadmio u otros compuestos tóxicos.
Personas con antecedentes familiares de cáncer renal.
Un pequeño porcentaje de casos (alrededor del 4%) está relacionado con alteraciones genéticas hereditarias, como el síndrome de von Hippel-Lindau.
Tratamientos actuales: cada vez más eficaces
Cuando el tumor está localizado, la cirugía es el tratamiento principal. En la mayoría de los casos se intenta una cirugía conservadora, retirando solo el tumor y preservando la mayor cantidad posible de riñón, lo que mejora la calidad de vida del paciente.
En etapas avanzadas, el tratamiento ha evolucionado de forma notable gracias a:
Inmunoterapia, que estimula el sistema inmunológico para combatir el cáncer.
Terapias dirigidas, que actúan sobre los mecanismos que permiten al tumor crecer y formar nuevos vasos sanguíneos.
Estas estrategias, solas o combinadas, han logrado prolongar la vida y mejorar el control de la enfermedad, incluso en pacientes con metástasis.
Un mensaje clave para la población
El cáncer renal es una enfermedad que puede prevenirse en parte adoptando hábitos saludables y que tiene mejores resultados cuando se diagnostica a tiempo.
No fumar, mantener un peso adecuado, controlar la presión arterial y consultar al médico ante síntomas como sangre en la orina son medidas simples que pueden marcar una gran diferencia.
La información, la detección temprana y los avances médicos actuales permiten hoy enfrentar el cáncer renal con mayores probabilidades de éxito y mejor calidad de vida.

