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Le dijeron que fuera a cuidados paliativos. Hoy toca la campana de la remisión.

Publicado ~2 min de lecturaHistoria real

Edith fue diagnosticada en 2023 con leucemia linfoblástica aguda, una enfermedad que apareció sin síntomas evidentes y comenzó con un dolor en las manos. Tras recibir un pronóstico difícil, su familia buscó una segunda opinión y llegó con el Dr. Ariel Amaru, quien inició su tratamiento. Con el apoyo de su esposo, sus hijos y sus nietos, Edith encontró la fuerza para seguir adelante. Hoy se encuentra en remisión, y su toque de campana junto a su familia simboliza esperanza, amor y una nueva oportunidad de vida.

Su Historia...

La historia de Edith empieza casi sin querer. Un dolor en las manos, nada más. El tipo de molestia que cualquiera dejaría pasar. Meses después, una consulta por asma —algo que no tenía relación aparente con nada grave— fue la que abrió la puerta a lo que ella nunca imaginó enfrentar.

Durante esa valoración le dijeron algo que a primera vista sonaba técnico y distante: su sangre no espesaba como debía. Le recomendaron ver a un hematólogo. Fue el primer indicio de que algo, en silencio, no estaba bien.

Cuando llegó el diagnóstico, la palabra cayó como una losa: leucemia linfoblástica aguda. Una enfermedad de la sangre que avanza rápido y que no da tregua. Edith y su familia no podían entenderlo. ¿Cómo una molestia tan simple podía esconder algo tan agresivo? Hay un instante en esta historia que la marca por completo: el día en que le dijeron que debía ingresar a cuidados paliativos. Para Edith y los suyos, esas palabras sonaron a sentencia. Es una de las frases más difíciles que una familia puede escuchar, porque parece cerrar toda posibilidad de futuro.

Pero Edith y su familia decidieron no quedarse con esa única respuesta. Buscaron una segunda opinión. Y ese paso —el de no resignarse ante un pronóstico— fue el que cambió el rumbo de todo lo que vendría después.

Así llegó al Dr. Ariel Amaru, en OncoClinic. Su caso fue evaluado de nuevo, con otros ojos y otras herramientas. El tratamiento comenzó, y con él, una etapa exigente, larga, pero distinta a la que le habían anunciado: una etapa con esperanza real.

Edith no la atravesó sola. Su esposo, sus hijos y sus nietos estuvieron presentes en cada control, en cada sesión, en cada noche difícil. Ellos fueron —dice ella misma— su mayor impulso. Pensar en sus nietos le daba fuerzas para seguir cuando el cuerpo y el ánimo querían rendirse.

Hoy Edith está en remisión. Mira hacia atrás y ve una batalla que por momentos pareció perdida, sostenida por el amor de su familia y por la decisión de no aceptar la primera respuesta como la única posible.

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Preguntas y Respuestas

¿Cómo empezó todo antes del diagnóstico?

Con un dolor en las manos, sin nada que hiciera pensar en algo grave. Después fui al médico por asma y ahí me dijeron que algo estaba alterado en mi sangre.

¿Qué le dijeron cuando encontraron esa alteración?

Que mi sangre no espesaba como debía y que necesitaba ver a un hematólogo. Ya era una señal de alerta.

¿Cómo recibió el diagnóstico de leucemia linfoblástica aguda?

Fue un golpe muy fuerte, para mí y para toda mi familia. Todo había comenzado con molestias que parecían simples.

¿Por qué decidió buscar una segunda opinión?

orque mi familia y yo no queríamos quedarnos con una sola respuesta. El doctor evaluó mi caso, se inició el tratamiento y comenzó un camino difícil, pero con una nueva esperanza.

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